alumbramiento

-------------------------------------------------------------------------------------


abrir todas las venas y vaciar
el rojo sobre la alfombra nueva
para que quede empapada
de la líquida vida vieja

desvestirse de la piel propia
y dejarla tendida sobre la cama,
muy cerca de la almohada
que esta noche te llevarás al otro lado
en busca de lo que nunca encuentras

atravesar, no sin pesar,
el estrecho túnel que se abre
entre tus propias piernas,
haciendo crujir tus caderas,
desencajando el cuerpo roto,
pariéndote con el dolor
de la que nace sumado
al de la que habrá de parir

porque no se nace para toda la vida,
la mujer se alumbró a sí misma
a través de tardes muy densas,
de andaduras opacas y frías
que, aunque nunca acabaron,
nunca hacen más que empezar


* Imagen del cuadro La cama volando, de Frida Kahlo (1932).

la niña negra

-------------------------------------------------------------------------------------


si le cautivan las tinieblas
es porque en ellas
rastrea -e intuye- lo insólito

útero fértil de vida interior
las pieles a veces le saben amargas
las mentes -castradas- se quedan en nada
los huesos, las venas, la piel
le encierran el alma

al calor de las tinieblas
la niña negra
observa y sonríe callada

espera, confía, emerge,
inspira y expira la vida tapada

¿de dónde ha salido esta niña tan negra?
repite la madre extrañada

la niña tan negra salió del origen y el fin,
que convergen en una línea de luz
en el mismo centro de toda la Tierra


* Imagen del cuadro San José Carpintero, de Georges de la Tour (1642).

raíces

-------------------------------------------------------------------------------------


hoy me recojo en una
cálida oscuridad telúrica
de gusanos, raíces y larvas

un día de claridad 
entendí que la superficie 
no era lugar para mi 
y metí la cabeza 
bajo el suelo de piedra

luego hundí el cuerpo entero
en la tierra húmeda y fría
y la espina dorsal se enroscó
como la cáscara de un caracol
que hibernaría, fosilizado,
hasta un futuro remoto

las andanadas de dolor,
el griterío, la confusión,
todas las máscaras
se quedaron afuera
y yo me acurrucaba, gozosa,
en mi estrecha guarida orgánica

pero no conseguí que los gritos cesaran

cuando el oído se hizo al vacío,
cuando el cuerpo se hizo al silencio,
al tiempo volvió el desorden y el ruido

y hoy, algunas veces,
se escucha a lo lejos
el dolor del que, arriba, 
aún se está despertando


* Imagen del cuadro Europa después de la lluvia, de Max Ernst (1940).

momento

-------------------------------------------------------------------------------------


yo creo que nos están sobrando
los cuerpos, las palabras,
todas las capas
que cubren la esencia

quédate
-solo quédate-
permanece a un metro de mí
y no digas nada

mírame
-solo centra tu atención en mí
fíjamente, en silencio-
como aquella primera vez
que ya estabas dentro
y me clavaste el verde

y yo temblaba
y me rompiste
y me perdí

-aún me estoy buscando-

abismo

-------------------------------------------------------------------------------------



en este tiempo de desencanto
yo me pregunto, y pregunto,
donde se agarran tus manos
para no caer al abismo que tenemos
bajo estos pies desnudos,
en el después de estos días

yo cuelgo de las trenzas de ella
de la ternura de él
o del ala de tu sombrero viejo

pero a veces, si resbalan mis manos,
me precipito sola
cabeza abajo, veloz,
en una caída violenta
que me deja expuesta,
fragmentada en mil esquirlas afiladas
que se clavan y te hacen sangrar

y no escucho nada
y apenas veo nublado
y ya no me muevo

en este tiempo de soledad compartida
yo me pregunto, y pregunto,
donde se agarran tus manos
para no caer a este abismo
celeste, inmenso, abisal,
que solo algunos habitan
pero que todos habrán de probar

una sombra blanca

-------------------------------------------------------------------------------------


tengo una sombra blanca
con ojos de diablo

pequeña como un zapato,
ácida como el limón,
suave como tocarte esa piel blanca y lisa
que se pega a mis manos, a mi boca

tiene la dulzura
de las cosas pequeñas
y la rabia del instinto animal,
la pureza de lo que no es humano,
es salvaje como el deseo carnal

organismo leve y tierno que de noche
no se mueve, sino que se dispara,
llena la casa que habito
de líneas invisibles de energía blanca,
como esa que se te escapa
cada vez que te mueves

minúsculo huracán, descompone
el espacio
en -mil-
-fragmentos- de luz
que ayudan a ver claro
tras largas horas de azul


* Foto del cuadro Blancas sombras, de Esperanza León.